miércoles, 3 de febrero de 2016

Eduardo Lago sobre Roberto Bolaño

Imagen tomada de aquí,

Magnífica la entrevista que Anna María Iglesia le hace a Eduardo Lago. En esta, el escritor español radicado en Estados Unidos se despacha sobre muchos temas, desde los nuevos autores latinoamericanos que marcan el panorama literario, el inicio y fin de la novela con Cervantes, hasta la importancia sobre la escritura bilingüe, entre otros. Este año, Malpaso ha reeditado su premiada novela Llámame Brooklyn.  

-Se suele decir que Roberto Bolaño ha representado un nuevo boom de la literatura hispanoamericana, pero en Estados Unidos.    Esta es una idea bastante interesante. Bolaño es un escritor de un talento inconmensurable, no hay duda al respecto; lo que sucede es que al ser manipulado por la industria norteamericana, que lo ha convertido en lo que lo ha convertido, hace mucho daño a muchos otros autores que, sin embargo, no tienen su fama. Bolaño cambia las cosas históricamente, pero es dañino por el hecho de que impide el reconocimiento de muchos otros. Algo parecido sucede con Junot Díaz, que no es ni mucho menos el único y tampoco el mejor de los autores, más bien es uno más. Veinte años antes que Díaz, está Óscar Hijuelos, que ganó el Premio Pulitzer y cuyas novelas tienen un peso que no tienen las de Junot Díaz que, sin embargo, tiene como gran mérito el talento de cambiar las cosas de una forma muy curiosa a través de la hibridación del inglés y el español. Pero más allá de esto, también creo que, de la misma manera Bolaño supuso un antes y un después, ahora estamos en una nueva fase, posterior a Bolaño.

Fuente: El Asombrario

miércoles, 27 de enero de 2016

Libro de la enfermedad


JEREMÍAS

Esta mañana, tras salir del templo,
al borde del camino me detuve
y en voz callada, que no conocía,
así me dije: ¿acaso somos más
que las larvas que reptan sobre el barro,
cuyo destino puede marchitarse
tan solo hollado por el pie de un niño;
podría asegurarlo, yo que he visto
al mismo niño desprender la hierba
y, del hierro inflamado, someter
la liebre temeraria, tu creación
contraviniendo; o a la mujer adúltera
cuando el pecho retira a sus infantes,
pero la leche vierte en el mantel
del que en holgura yace; o a mí mismo,
cuando las rosas hago florecer
en la piel encendida de mi esposa,
una muchacha fiel a quien castigo
por su inocencia, hasta que los dos,
ambos, nos abrazamos temerosos
de que la arcilla nuestra envidiaras?
¿Pues si, Señor, el hombre, tu reverso,
no puede por más tiempo contemplar
tu llama que el gusano o la serpiente,
cómo poder siquiera imaginarte
si entre el fango vivimos, cómo erguir
más alta torre que aquella que tú
edificaste, cómo del milagro
seguir los pasos en sentido inverso
y desde nuestro barro hacer brotar tu luz?

DÍAZ CHOZA, Mateo. Libro de la enfermedad. Lima: Paracaídas, 2015.

miércoles, 20 de enero de 2016

1945: Jorge Eduardo Eielson, vida y canción en Lima


Escribir resulta cada vez más difícil. Antes bastaba con tajar un lápiz y ponerse a ello. Ahora se necesita el ordenador, un póster de Rimbaud al lado, cierta vida bohemia y mucha marihuana. E incluso así, nos hemos agotado en las cinco primeras líneas de una nouvelle que anhelamos terminar. Paulo César Peña ha optado por el camino fácil: tomar el lápiz y escribir.

Lo demás es un producto, una consecuencia, un hijo. Peña ha parido 1945: Jorge Eduardo Eielson, vida y canción en Lima. Podemos decir que el autor no ha publicado el libro que el orden de su futura bibliografía le demandará, pero sí se puede afirmar que nos entrega el libro que necesitaba escribir.

Fruto de una obsesión, Peña nos acerca al Eielson que habitó en Lima durante 1945. No hay otra manera de resumirlo. El resto es literatura. 

Mezcla de ensayo, crónica y poesía, aquí se muestra el lado agresivo de Eielson. Las fotos del autor de Habitación en Roma lo intentarán desmentir, los estudiosos de la obra de este poeta no lo querrán creer, sus dispersos lectores no lo podrán asimilar; sin embargo, el Eielson que aquí vemos está escupiendo la indigesta poesía de Chocano y proponiendo a Eguren y Vallejo —a quienes sí digiere— como parte del nuevo canon.

Canon. La palabra sagrada

El análisis de Peña se pone interesante cuando (sin juzgar) nos describe al «trinomio» conformado por Eielson, Sebastián Salazar Bondy y Javier Sologuren. La disección efectuada sobre Eielson (hecha en base a una erudita documentación invisible) nos permitirá verlo tomando posiciones de poder, modificando a su antojo el plano cultural de la Lima de ese entonces y disparando desde su tribuna en La Prensa. Eielson articulista, Eielson crítico, Eielson bien contactado, Eielson cuchillo. (Y luego del sesudo estudio, se incluyen también sus artículos nunca antes publicados. Un lujo al lado de las prosas poéticas salpicadas a lo largo del análisis y que son, sin el menor atisbo de duda, lo mejor del libro.)

Peña utiliza a Eielson como excusa para hablar de sí mismo. Algo similar hace Eielson, quien, en algunos pasajes, pareciera habitar al autor. Así, objeto de estudio e investigador llegan en muchos momentos a ser una misma persona. Las fronteras se diluyen. ¿Quién es Paulo César Peña? ¿Quién es Jorge Eduardo Eielson?

Han pasado 70 años desde la época retratada por el autor. Durante este periodo se ha escrito bastante sobre Jorge Eduardo, pero Peña puede vanagloriarse de algo: salvo él, nadie lo había hecho con estilo.

Estilo. Pocos lo tienen. Francisco Umbral lo tuvo, William Gaddis lo perdió, a Borges se lo hurtaron, a Paulo César Peña le sobra. 1945 es un híbrido compuesto por 45 prosas que narran, analizan, describen, informan, iluminan, edifican y poetizan el tránsito de Eielson durante ese año. Es un tránsito que observador y observado van a recorrer juntos sobre una Lima con ínfulas de París. Peña atisba todo con ojos de 1945, y todo lo va a describir. Es el año en que Eielson irrumpe en el circuito cultural limeño (del cual se apodera), llegando a su punto más alto con la corona de laureles que significó el Premio Nacional de Poesía.

Escribir no es otra cosa que desnudarse. La cantidad de literatura que contiene un texto es directamente proporcional a lo que el autor nos ha dejado husmear de su persona. De andar quitándose la ropa o despellejándose mostrando las vísceras va esto que se llama escribir. El final de este rarísimo libro golpea al lector y lo llena una tristeza necesaria. Uno lo termina de leer y siente (porque se ha sentido a Eielson) que la literatura era esto.

PEÑA, Paulo César. 1945: Jorge Eduardo Eielson, vida y canción en Lima. Lima: Paracaídas, 2015.

miércoles, 13 de enero de 2016

Tres mujeres


Uno se topa con un título como este y de inmediato piensa: «Debe ser un libro con tres cuentos». Hay que desconfiar. Sí. Hasta este punto hemos llegado en este blog; ahora desconfiamos incluso de los títulos de los libros.

Tres cuentos son, en efecto. Muy pocos, a mi parecer. A mí los libros de cuentos me gustan cuando traen de siete para arriba. Si un cuento es bueno el libro se salva del fuego. A más cuentos, más opciones de salvarse. Tres es muy arriesgado. Dante lo sabe.

Tres, decíamos. Relatos de largo aliento. No encaja en mis gustos (aún) el relato largo. El knockout de Cortázar no se cumple en un cuento con demasiadas páginas. El relato largo se me antoja una pelea de borrachos.

Llevo tres párrafos y ya debería terminar, pero no he hablado del libro. Me ha encantado la perfección del tres. Tres cuentos, tres mujeres, tres días que llevo sin fumar. Se nota cómo divago.

Al punto.

En su primer libro, Noltenius ya nos mostraba un afán: querer parecerse a Carver. No le salió. O, mejor dicho, tal vez sí pero en algunos cuentos. Y de mímesis está hecha gran parte de los debuts literarios. No hay escritor que en su primer libro no se jacte de imitar a un referente que él considera sagrado. Habría que ser muy hijo de puta para decir que uno escribe desde cero. Habría que ser Camilo José Cela, por ejemplo.

Los segundos libros, en cambio, son para deshacerse de los padres, cruzar la pista solos, comer con cubiertos y dejar de hacer en la bacinica. Los segundos libros son para mostrar un mínimo de independencia. En el mejor de los casos, sirven para mostrar el abultado bíceps llamado estilo.

Luego de seis (dos veces tres) años, Noltenius publica su segundo libro y esta vez se ampara bajo la sombra de Munro. De Carver a Munro se nota otro afán, otro interés, quizá una evolución: la Munro tiene un Nobel y Carver no.

Jo.

Es como más de lo mismo pero intentando imitar la extensión de los cuentos de Munro. No sé si me dejo entender: mujeres acosadas por sus ambientes laborales y familiares, mujeres que lidian con el recuerdo y el futuro, mujeres al borde de algo o conteniendo un no-sé-qué. Mujeres, en fin.

Cuando uno termina un libro de cuentos de la Munro, siente que ha terminado una novela. Igual acá. La bendita unidad salva al libro. De hecho, es lo que más me ha gustado. El libro es sutil en su estructura porque se ha destazado a una mujer en tres partes. Leamos los títulos de los cuentos para mayor entendimiento: Casada, Divorciada, Soltera.

Simple. Acertado.

Arriesgado también. Lo repito.

Solo un cuento se salva: el primero. Los demás están llenos de ripio, florituras, adorno innecesario. No obstante, a comparación de su primer libro, Noltenius tiene aquí una prosa menos estancada, menos rígida. El dominio del lenguaje es evidente. Pero, ay, la extensión de las historias.  Yo, en lugar de tres, hubiera puesto seis mujeres. Pero entiendo la necesidad de explorar a «la mujer» en cada estamento social. Solo dan para tres, lamentablemente. 

No voy a decir que, en conjunto, está bien. Solo diré que no está mal (y eso no es decir lo mismo; tenga cuidado, señor lector, con sobreinterpretarme). La persistencia en el cuento es algo que siempre se saluda. 

NOLTENIUS, Susanne. Tres mujeres. Lima: Animal de invierno, 2015.

domingo, 25 de octubre de 2015

Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones


Frank bajó las escaleras. No le gustaban los ascensores.
Había muchas cosas que no le gustaban. Detestaba menos las escaleras de lo que detestaba los ascensores.
El empleado de recepción le llamó:
—¡Señor Evans! ¿Quiere venir un momento, por favor?
Asociaba la cara del empleado de recepción con un plato de gachas de maíz. Era todo lo que Frank podía hacer para no pegarle. El empleado de recepción miró a ver si había alguien en el vestíbulo, luego se acercó a él, inclinándose.
—Hemos estado observándole, señor Evans.
El empleado volvió a mirar hacia el vestíbulo, vio que no había nadie cerca, luego se aproximó de nuevo.
—Señor Evans, hemos estado observándole y creemos que está usted perdiendo el juicio.
El empleado se echó entonces hacia atrás y miró a Frank cara a cara.
—Tengo ganas de ir al cine —dijo Frank—. ¿Sabe dónde ponen una buena película en esta ciudad?
—No nos desviemos del asunto, señor Evans.
—De acuerdo, estoy perdiendo el juicio. ¿Algo más?
—Queremos ayudarle, señor Evans. Creo que hemos encontrado un trozo de su juicio, ¿le gustaría recuperarlo?
—De acuerdo, devuélvame ese trozo de mi juicio.
El empleado buscó debajo del mostrador y sacó algo envuelto en celofán.
—Aquí tiene, señor Evans.
—Gracias.
Frank lo metió en el bolsillo de la chaqueta y salió.  (...)

BUKOWSKI, Charles. Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Barcelona: Anagrama, 2012.

domingo, 18 de octubre de 2015

Samanta Schweblin sobre los premios literarios

Foto: Francisco Cañedo.

Se publicó hace poco una interesante entrevista a Samanta Schweblin. No hay que pensarlo mucho: este ha sido el año de la escritora argentina. Desde la obtención del Ribera del Duero, los comentarios favorables respecto a su obra no han parado. Aquí, un extracto de lo dicho por la autora de Pájaros en la boca:

-¿Por qué, si ya tenés un nombre y una cantidad de libros publicados, seguís mandando libros a concursos?
Decido mandarlos casi cuando están terminados. No escribo para un concurso, si no que hay una logística entre el tiempo que creés que estás terminando el libro y las fechas de cierre de los concursos.

-Alguna vez dijiste que no podés escribir con deadlines. En ese sentido, lo que decís tiene lógica.
No puedo escribir con deadline cuando es una cuestión contractual que implica un compromiso, pero hay algo del deadline del concurso que sí me ayuda. Esta es una de las razones por las que todos los libros de cuentos terminaron en concursos. Me cuesta mucho soltarlos porque siempre está la posibilidad de mejorar el texto. Pero una fecha me ayuda a soltar. Y también está el tema económico. Si por alguna de esas arbitrarias casualidades ganás el premio, de alguna manera te están pagando por escribir, que es un poco el sueño de todos los que nos dedicamos a esto: que nos paguen por hacer lo que creemos que sabemos hacer. Algo tan simple que exige el médico y el carnicero, pero que a nosotros nos cuenta mucho conseguir. Es un pago en diferido, retroactivo, medio extraño. Si bien es bastante dinero, yo creo que sería más saludable para un escritor tener un sueldo básico y austero todos los meses que asegure cierto ritmo de trabajo, cierta continuidad. Es muy gratificante que te paguen por lo que hacés, no que te premien. Y además, se premia a uno, no le pagan a los 900 que se presentaron. No me quejo del premio, estoy feliz, pero hay algo para repensar con respecto a los premios. Y luego, un premio ayuda a darle visibilidad a los libros, que es otra cosa que es bastante difícil. Como yo soy un poco reacia a la prensa, es otra manera de hacerlo.

Fuente: Eterna Cadencia.

domingo, 11 de octubre de 2015

Mario Bellatin sobre el preceptismo literario

Foto: Conrado Chang.

Este martes acaba la primera Feria del Libro de Lima Norte. Gran iniciativa y buen nombre: FELINO. Sin embargo, salvo un par de eventos rescatables (Lamberti), se trata de una feria muerta. Para animarla un poco, Mario Bellatin estuvo presente y respondió algunas preguntas para un medio local.

-¿Qué hace que una historia te fascine y quieras hacerla propia? 
No me fascina ninguna historia. Lo que me fascina es el acto de la escritura. El hecho de enfrentarme a una nada. De pronto, dentro de ese todo, aparece una historia. El texto va más allá de esta, es un tono, un susurro. Luego, lo transmito. Necesito tener el espacio para llenarlo de escritura, para que esta se vaya de mí. Mi interés no está en que se publique la obra, sino en seguir escribiendo.  
-¿Un proceso parecido al de la plástica o el arte escénico? 
No, porque yo tengo el tiempo de volver al texto. El lector no lee lo que yo escribí. El texto pudo nacer de fragmentos pero hay que hacer creer al lector que lo que uno escribe se concibió como aparece en el papel. No hay nada improvisado, hay procesos de corrección y de “desescritura”. Lo más difícil es decidir qué queda o qué no queda. Hay que matar el mito de la página en blanco, y también hacer a un lado eso de la imaginación desbordada, del lenguaje poético o de los personajes que cobran vida. Eso impide la creación de una voz propia. “Aprender para aplicar”, eso no funciona. Hay una idea de lo que deben ser las cosas y ese es el peor daño que se hace a la literatura, porque un libro es un milagro. Lampedusa no fue escritor y precisamente por eso El gatopardo fue una obra maestra. Las corporaciones editoriales tratan de estandarizar los gustos y acallan estos milagros. 

Fuente: El Comercio.

domingo, 4 de octubre de 2015

El sueño de Noé


Hace no mucho se puso de moda decir: «Este es el mejor libro de la literatura peruana en lo que va del año». De esa manera, los reseñistas de moda empezaron a parir blurbs y cada semana aparecía un libro que cargaba sobre sus espaldas la responsabilidad de poseer en sus páginas lo mejor de la tinta impresa made in Perú. A eso se añadió: «La literatura peruana atraviesa por un buen momento», que es como escribir «dantesco incendio» o «macabro hallazgo» en una nota periodística.

Decir que un libro es el mejor solo significa una cosa: que es el mejor y ya. O sea, no significa nada. O quizá sí, dependiendo de quién lo diga. Y si lo digo yo, tiene mucho valor.

Es por eso que anuncio, sin muchos preámbulos, que El sueño de Noé, de Julio Isla Jiménez, es el mejor libro de la literatura peruana en lo que va del año.

(Me siento desvirgado. No es fácil hacer por vez primera este tipo de afirmaciones. Que un libro es el mejor y tal. Pero ya está, lo hice. Ya parí un blurb.)

No pensaba que el mejor libro de 2015 viniera de donde vino. Es decir, no es novela ni cuentario ni poemario ni ensayo ni texto híbrido. Tampoco lo edita Planeta ni Penguin Random House ni Estruendomudo. ¿Qué rayos es entonces El sueño de Noé y quién lo edita? Es una obrita de teatral que aún no ha sido llevada al teatro (como una noche sin luna, pero eso es lo de menos). Y —lo olvidaba— ha sido editada por el propio autor.

Teatro, autoedición: impensado.  

Ahora, el acto consecuente sería reseñar el libro, señalar sus atributos, argumentar por qué es el mejor. Pero no es que tenga la maldita flojera de hablar sobre el libro; es solo que, si ya dije que es el mejor, ¿es necesario brindar razones y ser persuasivo? ¿Van a ponerse a dudar de mi palabra? ¿Ustedes, mortales? El sueño de Noé es el mejor libro de este año.

Lo he dicho ya dos veces.

ISLA JIMÉNEZ, Julio. El sueño de Noé. Lima: Alastor, 2015.