lunes, 25 de mayo de 2015

El desierto y su semilla


—Señor Mario, hay un pequeño inconveniente. Por un descuido, del cual me hago completamente responsable, la piel del brazo que se empleó para reconstruir el párpado derecho se aplicó incorrectamente.
—No me parece así mal.
—Se empleó piel del brazo, y la epidermis quedó del lado interior, en contacto con el ojo.
—¿Eso es malo?
—No, no tendría nada de malo, si no fuese porque no advertimos unos folículos activos. Ahora los vellos están creciendo del lado interno del párpado y, por supuesto, irritan el globo del ojo. Molestan terriblemente a su madre.
—Entonces, ¿quieren reconstruir todo el párpado otra vez?
—Lo hemos consultado con su madre y estamos de acuerdo en que por ahora dejaremos las cosas así. Más adelante veremos. Se podría usar electricidad, pero es un tratamiento muy largo. Eso se haría cuando ustedes regresen a su país. Si la depilación eléctrica no diese resultado, entonces sí, se reconstruiría, pero por ahora todo lo que hace falta es, cada diez o quince días, dar vuelta el párpado con la mano, y con una pinza arrancar los pelitos que empiezan a nacer.

BIZA BARON, JORGE. El desierto y su semilla. Madrid: 451 editores, 2007.

domingo, 17 de mayo de 2015

Breve Historia de la Literatura Peruana Reciente

«Sick Blue» (Yves Klein)

Mónica Cabrejos confiesa en televisión nacional que ha perdido un hijo de un escritor famoso y muy premiado a nivel internacional.

Ese escritor es Iván Thays.

En un primer momento se barajó el nombre de Santiago Roncalloro.

Mónica Cabrejos lo tilda de «malnacido» (a Thays).

Thays elimina su cuenta personal de Facebook minutos después de haberse divulgado su nombre.

En un conocido programa farandulero, el conductor lee extractos de Un lugar llamado Oreja de Perro.

La Juventus elimina al Real Madrid de la Liga de Campeones.

En Internet surgen opiniones a favor y en contra de Cabrejos.

Surgen también opiniones a favor y en contra de Thays.

Alguna vez leí que Thays toma zatrix y antidepresivos. 

Me cae bien la gente que toma esas pastillas.

En Camaná, un librero exhibe una pila enorme de Un lugar llamado Oreja de Perro.

Mi doctora decide aumentarme la dosis de antidepresivos.

El libro está al irrisorio precio de 15 soles.

Los escritores opinólogos de las redes sociales callan en todos los idiomas a los que no los han traducido.

Thays publica un comunicado aclarando los sucesos.  

Cristina Morales gana la beca Han Nefkens.

Patricia del Río escribe un artículo que lleva el mismo título de una novela de Hernán Migoya.

¿Sueñan las feministas con mujeres eléctricas?

Tras muchos días, acabo el primer cuentario de Samanta Schweblin.

Thays no ha vuelto a actualizar su blog Moleskine Literario.

Hasta el momento he leído todo lo de Schweblin, menos su más reciente cuentario que ha salido este mes.

¿Mónica Cabrejos pudo haber ganado el Copé de cuento donde Thays fue jurado?

Me frustra no poder avanzar un cuento que sigo intentando terminar desde octubre del año pasado.

Cabrejos anuncia que tiene pruebas para desmentir el comunicado de Thays.

Cabrejos quiere que Thays se largue del país.

Y eso que he reescrito el cuento luego de haber tomado mucho vino. 

Cabrejos dice que detrás de los ataques hacia ella se encuentra Iván Thays.

El ciego le rompe los dientes al Lazarillo por tomarse su vino.

Lo extraliterario llega a ser lo verdaderamente literario.

Me da pánico la vida aburguesada.

My heart's aflutter!

Thays dictaba un taller de narrativa y allí ambos se conocieron.

Son malos tiempos para el amor o la literatura.

domingo, 10 de mayo de 2015

Alejandro Zambra sobre el Facebook

Imagen hurtada de aquí.

Paulo César Peña le hace una sesuda y muy recomendable entrevista a Alejandro Zambra, quien el mes pasado estuvo en Lima. Aquí un extracto:

¿Y quiénes son los que se pondrían a ficcionalizar ahora? Considerando que los escritores se valen cada vez más de la memoria… 
—Creo que eso está ocurriendo hace tiempo. Lo que pasa es que ya no es solo una cuestión literaria. Por ejemplo ¿qué es lo que pasa en Facebook? Allí también te inventas una vida. Ahora se habla de una sociedad de supervigilancia, donde todos se están vigilando los unos a los otros. Y a la vez, aunque cada red social es distinta, en Facebook como que cada uno es, más que un escritor, un personaje. Luego, la pregunta es: ¿quién te escribe? Facebook. Él es el escritor de esta novela de la cual tú eres un personaje. En la que aparentemente cada uno está tomando decisiones. Asimismo, te obliga a mostrarte de determinada manera.
Yo me salí del Facebook hace como un año y medio, no lo echo de menos, pero no fue fácil. Era muy adictivo para mí. Nunca posteaba nada, pero podía estar horas mirando a otros, sus fotos, lo que la gente considerase mostrable de sí misma. Es muy interesante porque hay un límite ahí que va cambiando de persona en persona. Cada cual es una novela… Ahora hay que hablar de todo y hay que tener opiniones de todo. Yo creo que tengo como tres opiniones al año (risas). A veces tengo muchas opiniones, pero rara vez una de ellas suena —para mí mismo— trascendente. Tengo las indignaciones y las alegrías comunes y corrientes… Ahora estoy muy off line. Y la gran diferencia es que la escritura tiene una relación con  la soledad. La gente no sabe estar sola, no quiere estar sola, en ningún momento del día. Leer es una cosa muy rara. Bueno, vivir también. La literatura te permite “salir” a la soledad.

Fuente: Perro Negro.

domingo, 3 de mayo de 2015

Carlos Calderón Fajardo


En 2010 Carlos Calderón Fajardo me dijo que era jubilado y que dedicaba todo su tiempo libre a escribir. No todo, en realidad. Uno lo veía en Miraflores asistiendo a proyecciones de películas o soplándose una que otra presentación en la feria del libro. O presentando sus propios libros.

Y la jubilación dura poco, solo te alcanza para escribir con prisas un puñado de novelas, algunos cuentos y ya. A Carlos le duró hasta el miércoles pasado.

Hace muchos años que Carlos era ya considerado un «escritor de culto», lo cual es una bonita manera de decirle a un escritor que no tiene muchos lectores y que de todos estos, lamentablemente, el 70% son otros escritores y el 25% estudiantes de Literatura (vete tú a saber a qué rubro pertenece el 5% restante). Escritor de culto y todo, Carlos fue prolífico e ignorado. Publicó siempre en editoriales pequeñas o muy pequeñas, no ganó el concurso que lo hubiera colocado en otra esfera (el Tusquets) y no se metía en polémicas, que es otra manera de entrar a codazos en el establishment. Consiguió poco, en suma: la traducción al francés de su mejor novela y listo. Así se va una vida.

Era también, cómo no decirlo, un escritor sin poder. Un escritor sin poder es alguien a quien solo le interesa escribir y ya, no utiliza su carné de escritor para dedicarse a las relaciones públicas. No tiene contactos. No llena su agenda con esos valiosos correos o números telefónicos que te llevan a las ferias internacionales o te ayudan a publicar tus libros en otro país. Se es escritor y con eso basta. La vida no alcanza para hacer más cosas. Construir una agenda con los contactos importantes toma su tiempo, toma toda una vida. Carlos no le lustraba los zapatos a nadie y tal vez por eso era ignorado.

Pero tampoco se los lustraban a él: ¿de qué servía hacerlo? No era el estratégico peldaño que unos utilizan para escalar en esa suerte de ascenso hacia el parnaso literario. Tan solo era un escritor lleno de persistencia. Un escritor que se muere de pronto, en plena actividad. Un autor que, por muerto, se gana la frase cliché más detestable. Algo así como: «Era un buen escritor y hemos leído todos sus libros».

domingo, 26 de abril de 2015

Factotum

 
Eso era todo lo que un hombre necesitaba: esperanza.  Era la falta de esperanza lo que hundía a un hombre. Re­cordaba mis días en Nueva Orleans, viviendo de dos ba­rritas de caramelo de 5 centavos al día durante semanas con tal de no trabajar y tener tiempo para escribir. Pero el morirse de hambre, desgraciadamente, no ayuda a me­jorar el arte. Sólo era un impedimento. El alma de un hombre estaba radicada en su estómago. Un hombre podía escribir mucho mejor después de haberse zampado un buen solomillo de ternera y bebido medio litro de whisky de lo que jamás podría hacerlo después de haber comido una barrita de caramelo de a níquel. El mito del artista hambriento era una falacia.

***

En Améri­ca siempre había gente buscando trabajo. Siempre había un montón de cuerpos utilizables para reemplazar a otros. Y yo quería ser escritor. Casi todo el mundo era escritor. No todo el mundo pensaba en que podía ser dentista o mecánico de automóviles, pero todo el mundo sabía que podía ser escritor. De aquellos cincuenta tíos de la clase, probablemente quince o más pensaban que eran escrito­res. Casi todo el mundo usaba palabras y podía también escribirlas, en consecuencia casi todo el mundo podía ser escritor. Pero la mayoría de los hombres, por fortuna, no son escritores, ni siquiera conductores de taxi, y algunos —bastantes— desgraciadamente no son nada.

BUKOWSKI, Charles. Factotum. Barcelona: Anagrama, 2004.

lunes, 20 de abril de 2015

El Búho


¿Quién es el escribidor más leído en nuestro país? Vamos, les doy una pista: escribe en el diario más leído en todo el Perú y el más vendido a nivel mundial (si es que las cifras no han cambiado desde 2013). ¿Otra pista? Su columna (porque este escribidor tiene la suerte de tener una columna) es la más leída y comentada entre sus muchos lectores. ¿Otra más? Estoy que me aburro, sinceramente. A ver, no tiene libro publicado (¿un escribidor sin libro? Los hay, señora mía, y son los que más abundan). Una extra: cuando habla de literatura (y de literatura nada sabe), ahí saltan los lectores cultitos y otros plumíferos y lo citan y lo celebran.

Me estoy hartando de las pistas. Soltemos los datos importantes: este escribidor con muchos lectores (que no es lo mismo que decir «escribidor muy leído») golpeaba a su mujer, a su hijo y es un alcohólico, según lo que se puede desprender de un reportaje emitido el 5 de abril.

Claro, me estoy refiriendo a Víctor Patiño, quien escribe sus columnas bajo el seudónimo de El Búho.

Su columna se llama PicoTV y es la delicia de amas de casa, taxistas, vendedores ambulantes, estibadores. Ya saben, el público objetivo de El Trome, el diario más exitoso de nuestro país.

¿Cuántos días han pasado desde que se emitió el reportaje? Quince. ¿Qué hacíamos los peruanos ese 5 de abril en que se emitió? Estábamos recordando con mucho pesar el autogolpe de Fujimori en 1992. Digo, debe ser eso, porque si han pasado quince días y la gente escribidora no ha abierto el pico para decir algo al respecto, algo mínimo, una pequeña muestra de indignación, un estado de Facebook condenando el maltrato a la mujer por parte de una de las plumas con más llegada al público masivo, si no han dicho ni un carajo, digo, es porque quizá siguen reflexionando sobre... ¿sobre qué? Sobre algo, supongo. Algo más importante que decir que El Búho ha sido denunciado por maltratar a su mujer.

Días después del reportaje, esperé a que estallara la bomba. Imaginaba una indignación brutal en redes sociales, las disculpas o la renuncia de Patiño o el veto de la columna en mención (columna muy bien colocada, qué duda cabe: contraportada del diario, al costado de una chica de tetas y culo enormes), pero pasó lo que suele pasar cuando sucede algo escandaloso en un diario que pertenece a un grupo de poder que controla a casi todos los medios de comunicación en el Perú. O sea, no pasó ni mierda. Escupo el televisor.

domingo, 12 de abril de 2015

Michon obra de maneras misteriosas


Hablábamos de dios en un post anterior. Entonces veamos cómo Dios —con mayúscula— me castiga:

Jueves pasado. Muchas cosas que hacer. Trabajar, ir a la dentista, clases de francés desde la tarde hasta la noche. Al mediodía he acabado con los exámenes de los chicos y puedo darme un descanso. En realidad, el descanso me lo doy en el bus mientras voy a la dentista. En recepción me dicen que N no ha venido (N se llama mi dentista) y que si puedo esperar hasta la siguiente semana. Yo le digo a la recepcionista que la muela me duele (me están haciendo una endodoncia) y que no puedo esperar más. Entonces me llevan con otra. Una chica llamada M (practicante).

Salgo rápido y muy adolorido pese a la anestesia. Me han puesto tanta que no siento la mitad del rostro. Como apenas he estado media hora en el consultorio, tengo una hora libre hasta antes de dictar otra clase. Me voy directo a Amazonas.

Hace unos días, G me había soltado el dato de un libro de Max Frisch. Me cuesta encontrar el susodicho stand porque no es uno de los más conocidos del lugar. La única pista era: venden algunos Anagramas afuera. Cuando al fin lo encuentro, me pongo a revisar las pilas de libros sin tocarlos porque al dueño del stand le irrita que desordenen lo que vende. 

No está el libro de Frisch, pero tengo dinero y necesito gastarlo en libros.

Donde Abelardo encuentro cosas simpáticas. Las compro.

Vuelvo al stand del principio y resulta que el libro de Frisch está allí, en la cima de una pila de libros. Y es raro porque al dueño del stand jamás le pregunté por esa novela. Pero ya no tengo dinero. Miro mi reloj y calculo lo que me tomaría ir a retirar dinero de un cajero cercano, pagar y volver al trabajo. No. No me da el tiempo. Tendré que dejarlo para el sábado, pienso.

Tengo la tentación de esconder el libro de Frisch para que nadie más lo compre. Pregunto por otro libro (Papillon), lo cojo y luego lo coloco sobre el de Frisch. Listo. Es todo lo que puedo hacer. Luego le digo mentalmente: espérame hasta el sábado, ¿ok? Y cuando ya me iba, mi vista descansa casualmente sobre otra pila de puros Salamandras. Mierda. Doy un rápido vistazo. Hay dos joyitas a buen precio. Mierda, mierda, pienso. No puedes hacerme esto ahora, ¿verdad, Michon? (o sea, Dios). A esos dos Salamandras les digo: ustedes también espérenme hasta el sábado. Juro que volveré.

Y vuelvo. Es sábado, hace un calor horrible, vengo de dictar, estoy irritado por haber hecho una cola de media hora para retirar cuatro billetes de a 20. Llego al stand y los libros no se encuentran en ninguna parte. Le suelto los títulos al dueño. Me dice que recuerda «más o menos» haberlos vendido. ¿Más o menos?, ¿cómo se recuerda más o menos?, pienso. Luego me largo y entiendo que Michon obra de maneras misteriosas.   

lunes, 30 de marzo de 2015

Betina González sobre el éxito literario


Durante veintidós años escribí a escondidas, sin esperanzas y para esa nena. Es que ya entonces percibía la desmesura de mi ambición. Una desmesura que se fue clarificando con el paso del tiempo: vivía en una casa más del Gran Buenos Aires, tenía el apellido más común de la lengua española, trabajaba mil horas en lugares que detestaba y mi vida no transcurría entre fiestas y tertulias literarias. Era obvio que nadie nunca iba a presentarme a un escritor o a un editor de carne y hueso. Mejor que trabajara realmente en mi escritura porque era lo único que tenía. Y eso hice.

A los treinta y cuatro años y gracias a la Universidad de Texas en El Paso, me encontré con dos libros terminados con los que no sabía qué hacer. Una amiga me contó que su prima era escritora, que había publicado algunos libros y que quizás podía ayudarme. Resultó que se trataba de Paola Kaufmann. Yo había leído La hermana y me había gustado. Después de mucho dudar (¡Paola acababa de ganase el Premio Planeta!), vencí el pudor y le escribí. Puedo reproducir exactamente lo que me contestó porque guardé para siempre ese correo (Paola murió unos meses después, apenas unas semanas antes de que yo ganara el Clarín; ni siquiera llegué a agradecerle personalmente su generosidad). Entonces me dijo algo que solo sabemos los que ya hemos publicado: «La verdad es que las editoriales acá, salvo quizás honrosas excepciones de editoriales chicas, no reciben manuscritos, o los reciben pero no los leen. El modo de que te lean (no necesariamente que ganes nada) es mandar a algún concurso piola, grande, con buenos jurados». Ese era el camino que había seguido Paola (bióloga de día, escritora de noche) y quizás el único disponible para aquellos que sienten que, en la batalla por la publicación, no tienen más armas que su escritura y el esfuerzo cotidiano en ella.

Fuente: Aquí.
(Tienen que leer el artículo completo para que entiendan el título de esta entrada.)