miércoles, 15 de diciembre de 2010

The consciousness of the last edge

When I started to write this, I tried to remember the last kindness´s episode I lived… but it was almost impossible. So I thought how difficult is to find amiability in my life. Why? I try to be good and helpful with other people. Sometimes I´m egocentric -I recognize it- but most of the time I´m the most generous person in the whole world.

I remember one day in the Book Fair in Lima. I was working for a newspaper and had to interview a writer the next week because of the publication of his last novel. There was me, looking for a guy called V., who was the editor of this book. He would give me the phone of CCF, the writer.

When I arrived to his stand, he mentioned that CCF was in Ecuador, having a short time of holidays with his family. “He will come back in two weeks”, said V. I was pleased to hear this news. I had a lot of things to do and the only thing I wanted was to finish the interviews.

I begun to look at the new books that V. had edited the last year. In the stand there was a guy commenting with V. about the same books. I was amazed that he had read all CCF´s Books, and that was a hard work because he is a prolific author. So I started to talk to this guy with clear eyes and blond hair. He studied Laws and had a pretty taste for literature, like me. He also wanted to be a writer. “Like Hemingway”, he said, checking the portrait of a book.

Then he shows me the novel. “Here is”, he expressed. “This is the best novel of CCF”. He was happy, like a teacher with his pupil. He showed me the book called LCDLU, and I felt immediately anxiety to read it.

He put the book in its place and then commented that this novel was “almost perfect”. This words increasing my wishes of read the book, but it cost s/. 20 and I had no money.

So I was abandoning the stand -and the Book Fair too- passing by other stores, when V. came to me, held my arm and gave me the book that the boy with clear eyes mentioned. “Take it”, he said. “I know you will do a great interview”. And I said “thank you”, but I was astonished with my mind in blank.

This last week, when I finished the book, I remembered this kind episode I lived, and the first thought that came to my mind was “this guy was not wrong. What great book!”

domingo, 12 de diciembre de 2010

El monitoreo de la semana (II)

Unos cuantos ítems van en esta clase de posts, los cuales trataré de escribir directamente y sin preámbulos (como hago ahora). Ahí va:

Libros 
Terminé el buen libro que me prestó R.: "Bartleby y Compañía", de Enrique Vila-Matas. Días antes ya había acabado la también buena novela de Carlos Calderón Fajardo, "La conciencia del límite último", de la cual me gustaría escribir un post más adelante. Actualmente, estoy fascinado con la lectura de "Los anillos de Saturno", que el buen P., director de la revista Estereograma, me prestó (y, antes, osó recomendar).

El arte de escribir
Esta semana ha sido la más fructífera para mí. He escrito todos los días un promedio de dos horas. Sí. Digamos que estoy asumiendo la condición de aprendiz del oficio y convenciéndome que es así como se debe trabajar. Hace poco leí un artículo de Vila-Matas en el que menciona que, cuando el quería ser escritor, no sabía que uno de los requisitos para serlo era escribir, y escribir bien. Lo mismo me sucedía a mí, que sí tenía presente la meta de una buena escritura pero nunca la practicaba. Nunca antes la frase de Nike sonó más perfecta y acertada: JUST DO IT. Y es así como continué escribiendo mi cuento -el cual remataré mañana con una escena final. Mezquino sería decir que el discurso de Vargas Llosa tuvo poca influencia en mi cambio de actitud cuando, en verdad, fue un dulce látigazo en la espalda acompañado por una voz que tronaba: "escribe, mierda, escribe".

La tesis
Esta semana hice movimientos mecánicos en la tesis pero el gran descubrimiento fue el modo de abordarla. Fue una iluminación propia de los destinados a decir alguna vez "dígame licenciado". En fin. Ahora tengo mucho trabajo por hacer (lo cual es lo de menos: así de optimista soy). Tal vez esta semana anduve rumiando la idea de comprarme una netbook (son baratas, pequeñas y me sirven para escribir la tesis en un lugar que no sea mi casa) pero decidí comprar fichas y avanzar la tesis a la manera antigua u oldschool.

El estafador
El lunes volví a llamar al estafador, dueño de una editorial y una revista muy infames en nuestra ciudad -pero qué le vamos a hacer, así está la situación y a caballo regalado no se le miran los dientes-, e hizo lo mismo de siempre: me volvió a pasear. Me dijo que no podía atenderme y que lo llamara el miércoles, para vernos ese día. Esto es muy odioso. Se supone que él requiere de mis servicios y soy yo el que lo llamo. 

El día martes me sacaron la muela del juicio. Cada martes voy donde mi preciosa dentista (me gustaría que fuese uróloga), poseedora de un trasero nada pequeño, a que hurgue dentro de mi boca. Como la semana pasada había terminado una larga endodoncia, me sugirió que podíamos pasar a la extracción de la muela del juicio. Yo acepté cándido, sin saber lo que me esperaba. La doctora me puso la anestesia y, al poco rato, empezó a palanquear con una especie de mini-patadecabra que me empezaba a generar cierta molestia. En sus distracciones para ir a recoger sus herramientas de carnicería, aprovechaba para darle una mirada ahí donde terminaba su espalda, pero ya cada vez lo hacía con menos ganas, vencido por el dolor que me iba causando la maldita muela que no salía y que ella palanqueaba una y otra vez. Hasta que al fin salió y yo me marché a mi casa casi después de dos horas y con medio rostro adolorido.
  
El resultado de esto fue que el miércoles estuve con un descanso obligatorio, a sabiendas que tenía que llamar al estafador. No lo hice por las ya sabidas razones y también porque era feriado. Además, lo más seguro era que él había olvidado que lo llamaría y ni se interesaba por comunicarse conmigo. Así son los caballos regalados en esta ciudad.

martes, 7 de diciembre de 2010

"Elogio de la lectura y la ficción"

¡Qué emoción! Acabo de ver el discurso de Mario Vargas Llosa en las celebraciones que anteceden a la condecoración del Premio Nobel de Literatura y francamente me ha enternecido. Sus palabras (como cuando leí "El pez en el agua") han vuelto a azuzar dentro de mí ese fuego que posee la literatura. Hoy, si tenía mucha inseguridad y pereza por escribir, gracias a Vargas Llosa todo esto ha cambiado.

Me levanté a escribir unas carillas, horas antes del discurso, y luego, mientras lo escuchaba hablar sobre la rebeldía que la literatura le incita al hombre, me sentí plenamente conectado, alegre, inspirado.

No puedo olvidar una frase que se tatuó rápidamente en mí, cuando hablaba sobre el Perú: "extraño privilegio el de un país que, en lugar de tener una identidad, las tiene todas."

Si por casualidad has caído en este blog, he aquí un enlace del discurso en PDF proferido hoy por Mario Vargas Llosa.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El monitoreo de la semana

Desde que decidí ordenarme he optado por retomar este blog para volverlo, entre otras cosas, una bitácora personal. Un post por semana para monitoriear lo que avanzo en las cosas que hago es mi meta. Se supone que ayer domingo debí empezar publicando esta entrada, pero tuve tantas cosas que hacer -entre una de ellas, encontrar una hermosa plantilla para mi blog- que ni siquiera empecé la tarea importante de cada día: hacer la tesis.

Según lo apuntado en mi agenda me tocaba mantener la meditación. Lo he tratado. Juro que sí. Siempre antes de dormir. Pero paulatinamente el odioso insomnio (ya no sé si es insomnio) me ha visitado de nuevo. Hoy es lunes así que debo continuar con la meditación. Tengo la sensación que voy por buen camino.

Terminar de leer el Bartleby de Vila-Matas también estaba en mis pendientes. Me faltan algunas páginas que se pueden leer en un par de horas. Sin apurarme, lo acabaré hasta antes del domingo. La verdad, lo estoy disfrutando mucho. Como lo mencionó R. -a quien le debo el favor de habérmelo prestrado- este libro es una pequeña joyita. Sin lugar a dudas, le pondré cuatro estrellas en mi anobii.

Hoy también llamé a un presunto estafador del deprimente mundo editorial limeño, quien me prometió reunirnos justamente hoy para conversar sobre una propuesta de "trabajo". Hace mucho que H. me ofreció realizar entrevistas para una revista que publica cuando le da la gana o quizá cuando está tan aburrido que no tiene otra cosa más que hacer. Hace mucho también que me "pasea" diciendo que conversaremos en su -hasta el momento- abstracta oficina, de la cual solo tengo la dirección apuntada en la libreta. Hoy volvió a excusarse y me aseguró que el miércoles nos sentaremos a charlar. Dudo que suceda. Y, si sucede y me incluye en la revista, dudo que me pague.

Creo que la buena noticia es que volví a escribir. Ya hace una semana remendaba algunas cuantas frases o párrafos sin objetivo alguno. También estuve escribiendo uno que otro poema. Sucede que siempre tengo el imperativo de presentarme a los concursos de cuento que se realizan aquí y justamente ahora se viene uno bueno. Por otro lado, la necesidad de escribir ya era palpable. Quiero pensar que ambos motivos coincidieron. El otro día terminé el boceto -a grandes rasgos- de lo que será mi cuento y hoy aproveché eso que creo que es insomnio -me levanté a las cinco de la mañana- para escribir unas cuantas carillas.

Finalmente, para terminar de rendir cuentas, hice un cronograma -¡que no estoy cumpliendo!- sobre la elaboración de mi Marco Teórico. Lo bueno es que ya visualicé el modo en que voy a organizarme: escribiré el índice, el estado de la cuestión y luego paso a desarrollar los capítulos. El problema es llevarlo a cabo. Apenas me pongo a redactar sucede algo: o me entra sueño o alguien me llama o estoy, sencillamente, muy propenso a las distracciones. Esta semana haré un gran esfuerzo por dar grandes pasos.

Ha sido una semana buena, al fin y al cabo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Lo juro...

Ahondarme en la investigación y sustentar la tesis.
Empezar a escribir un cuentario.
Buscar un trabajo digno (y encontrarlo).
Meditar todos los días.
Subir de peso.
Alimentar mi blog.
Lavar mi ropa.
Lavar los platos.
Hacerme el desayuno.
Respetar mis horarios de sueño.
Practicar natación (en verano).
Aumentar mi nivel en ajedrez.
No dejar de escribir.
Llevar un cuaderno de apuntes a todas partes.
Llevar la fiesta en paz con mi hermano.
Leer una novela en inglés.
Leer a Vargas Llosa.
Sentarme correctamente.
Apoyar a mis amigos de la revista.
Ensayar con V. (ponerle un nombre a la banda)
Volver a publicar en revistas.
Aprender "Aguas de marzo".

Cometer errores y perdonarme siempre.
No cometer los errores de siempre.
Ser conciente de mis actos.
No temer a nadie ni a nada nunca más.
No dudar.
Ser ordenado y metódico.
Enterrar el pasado.
Ser muy paciente.
Conservar la calma.
No ser egoísta.
Alejarme de la flojera.
Sonreir.
Reir.
Tener mucha fuerza de voluntad.
Y, sobre todas las cosas, retroceder nunca, rendirse jamás.

*Creo que me he adelantado un poco al año nuevo. 
No me habría animado a jurar tanto sin antes haber leído esto.

Las dos historias

Apenas abrí los ojos, cogí mi celular y vi la hora: tres y ciencuenta. Casi la misma hora de ayer, pensé. Nuevamente, me había levantado después de tres horas de haber dormido; calco de la noche anterior.

Sentí un vacío en el estómago y quise sospechar que se debía al hambre. Como la noche anterior, pensé en embutirme un plátano pero saber que podría estar acostumbrandome a comer de madrugada me hizo buscar otras opciones. Tomé un vaso de agua para refrescar el estómago y volví a la cama. Ya con el sueño interrumpido pensaba en lo que haría las siguientes horas para que el sueño -muchas veces inmisericorde- se me acercara.

Practiqué un poco de meditación. Boca arriba, con las manos sobre el abdomen, empecé a respirar profunda y lentamente, tal y como había visto en mis improvisados cursos de Yoga por youtube. Me era difícil concentrarme en la respiración, aunque -soy conciente- tampoco hacía el esfuerzo necesario para mantener despejada mi mente.

(Llevo dos días seguidos practicando una meditación desordenada. He tomado la decisión de hacer por lo menos veinte respiraciones diarias "para introducir el hábito" -como me indicó SR, un amigo trotamundos, a quien conocí intercambiando música por Soulseek- y espero tener la firmeza para poder continuar.)

Así estuve algo de veinte minutos. Ya antes había practicado la meditación, pero siempre el tedio y el aburrimiento se instalan alrededor de uno y es ahí cuando uno comienza a sentir lo infructífero de inhalar y exhalar. Tiré la frazada a un lado: tenía calor. Me senté al borde de la cama y me calcé las pantuflas. La luz tibia y celeste de la mañana ya se había impregnado en las paredes, dejando un profundo silencio en los terrenos que le ganaba a la oscuridad. Prendí la computadora y me senté a revisar las redes sociales para buscar el bostezo que antecede al sueño.

Tenía la necesidad de escribir algo. Lo normal es que abrá el word y escriba hasta que me canse. También, lo normal es que me canse rápido y que guarde el documento en la carpeta de "manuscritos a medias" y no la vuelva a abrir nunca. Digamos que ahora le encuentro una valiosa utilidad al internet. He visto tantos frikis que alimentan sus blogs hablando de sus anécdotas que esa necesidad de escribir (que solo los buenos libros y las experiencias cruciales despiertan) se me contagia. Entonces abro el blogger y me acomodo para escribir. Y la facilidad de ser "público" también me obliga a concluir lo escrito, a no dejarlo para el futuro incierto.

Se supone que debería escribir sobre libros (o películas) pero no encontraba tema alguno con que ligar este repentino despertar en la madrugada. Ayer terminé esa breve antología de Chejov, la cual no me dejó tan satisfecho pues ahora me veo en la necesidad de buscar más de sus relatos. He intentado descifrar lo que dicen los teóricos sobre Chejov. Esa afirmación que en sus cuentos se narran dos historias. Lo analizaré sobre la almohada y, así, tal vez logre descubrirlo o, en el mejor de los casos, quedarme dormido en el intento.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El Premio Nobel

No me encontraba de muy buen estado de ánimo cuando Vargas Llosa ganó el Premio Nobel de Literatura. Y no era precisamente a causa de eso. Esas semanas que antecedieron al Nobel, a mi cuerpo se le dio por no dormir a las horas que debía, lo cual me ocasionaba ciertos desórdenes de todo tipo (no desayunaba, puesto que dormía a las 9 am; tampoco almorzaba bien, porque despertaba sin hambre a eso de las 3 o 4 pm, y estaba todo el día muy irritable por la ausencia de sueño y la fatiga).

Una emoción proveniente del miedo me dominaba cada vez que veía el alba. Miedo porque el imsomnio era muy resistente (más que otras veces). Miedo porque estaba mal acostumbrando a mi cuerpo. Miedo porque la noche anterior había tomado una pequeña dosis de Clonazepam, la cual no me había hecho efecto alguno. Miedo de sentir que todo esto podría ser el prólogo del pánico. Miedo, en fin, de todo lo que pasaba por mi exhausta cabeza.

Ese jueves la noticia me cogió en ese estado. Recuerdo que, después de haber intentado dormir muchas horas, prendí la tele y empecé a dar zapping. No tenía la más mínima esperanza de quedarme dormido viendo algún programa; simplemente quería distraerme y olvidar que tenía insomnio. Antes de tomar el control remoto dudé en si debería prender la computadora pues sabía que el Premio Nobel -el más esperado por mí- posiblemente ya había sido anunciado. O quizá pensé, sin ver la hora, que era muy temprano para que el Premio Nobel se haya entregado y que quizá podría entrar a Internet más tarde. Ahora, mientras escribo esto, recuerdo exactamente lo que pasó: había olvidado que se entregaba el Nobel. O, mejor dicho, no creía en la más remota posibilidad de lo que iba a suceder a continuación.

Zapeaba yo, muy alegre, de canal en canal, hasta que -no habré apretado más de tres veces el botón- me topo con una conversación transmitida en vivo con Mario Vargas Llosa en Canal N. Inmediatamente leí el rótulo debajo del nombre del escritor: decía Premio Nobel de Literatura 2010. Inmediatamente un "puta madre" explotó dentro de mi cuerpo y se deshizo en miles de partículas que me erizaron la piel. Apagué el televisor terriblemente asustado. No había explicado otro estúpido síntoma que el insomnio también me había traído como regalo. Y era que mi estado emocional no era del todo bueno. Me sentía sumamente sensible a todo. Digamos que estaba como en una etapa de menstruación constante. Cualquier noticia "fuerte" (y por eso evitaba ver los noticieros gore peruanos) me laceraba el ánimo y me generaba ansiedad. Lo del Premio Nobel claro que era una noticia sorpresiva.

Esto que me he demorado en relatar en muchas frases sucedió en apenas tres segundos. Prendo la tele, canal N, premio Nobel, me sorprendo (uno, dos, tres). Así de rápido sucedió. Así de rápido estaba otra vez con la tele apagada, cubierto por completo con la frazada que me defendía de esa luz que entraba por la cortina y que solo me hacía recordar el triunfo del imsomnio, otra vez. Repetía en mi cabeza "Premio Nobel", "Vargas Llosa", y no lo podía asimilar.

Recién ahora me siento a escribir este post animado porque ayer K. me prestó su dossier de Vargas Llosa. Uno muy hermoso, grande y pesado, con miles de fotografías del escritor y documentos inéditos que de solo verlos se convierten en un gran acicate para mí. Había intentado escribir algo desde hace ya varios días. Había tomado mi cuaderno de notas y había esperado que las ideas surgan, pero nada. Ayer fue luna llena. La luna brillaba y votimaba un pedazo de luz blanquecina sobre el piso de la sala. Ver eso me provocó escribir. Entonces tomé mi cuadernito verde y escribí un párrafo que no pude continuar. Hoy, sin querer, he escrito. Iba a comentar sobre el dossier de Vargas Llosa que K. me prestó pero no pude evitar recordar cómo la noticia del anuncio del galardón llegó a mí.

PD: Adjunto la foto que el tomé a MVLL cuando visitó el Centro Cultural de España el año pasado. Pensándolo bien, pude haber estrechado su mano y no haber tomado la foto.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El regreso

Hace muchos meses que no posteaba nada e iba a mandar al tacho este blog. Desde mi breve incursión en la prensa me vi envuelto en muchos quehaceres que gastaban todo mi tiempo. Apenas tenía unos lapsos en los que podía regocijarme con los buenos libros y ocuparme un poco de la tesis. Ahora, libre de toda atadura laboral, me dispongo a continuar con este espacio.

Voy a plantearme metas realistas. Como me dijo alguna vez un amigo: "puedes hacer meditación cinco veces al día, dos horas por vez: eso suena muy bonito pero no es realista". Me alegra haber comenzado con este post. Me alegra doblemente porque -debo reconocerlo- hace mucho que no escribía "nada". Era como si las palabras hubieran huido de mí (o tal vez era que yo huía de ellas).

Finalmente, agregaré un poco de disciplina a todo esto -me dejaré de mariconadas, en otras palabras-, acabaré lo que he comenzado y pondré toda mi dedicación en hacer lo que más me gusta. No busco la perfección porque jamás la encontraría. Simplemente, me entregaré con intensidad.

Gracias.